• 3.000 a.C.
  • 800 a.C.
  • 300 a.C.
  • Siglos I - IV d.c.
  • Siglos VIII - XIII d.c.
  • 1463

El cambio fundamental de este periodo es la domesticación de animales y plantas, lo que genera un nuevo esquema productivo en el que la agricultura y la ganadería son la base de la economía. Pierden peso, por ello, la caza y la recolección. Las manufacturas muestran progresos importantes como el pulimento dela piedra, que da nombre al periodo, o la fabricación de vasijas cerámicas.

Todo ello favorece el establecimiento en asentamientos más permanentes, evolucionando del nomadismo al sedentarismo.

Las primeras evidencias de ocupación del cerro donde luego se asentará el poblado se producen en el Neolítico, hace unos 5000 años.

En la parte baja de la ladera se han excavado dos silos colmatados por vertidos entre los que encontramos cerámicas correspondientes a ese periodo, huesos y tierras con abundante materia orgánica. Es posible que alguno de los postes documentados bajo las estructuras más antiguas del poblado corresponda también a este periodo.

En el entorno encontramos asentamientos en cuevas, situados ya en las laderas de la Sierra de Cantabria y varios dólmenes, El Sotillo, San Martín, Los Llanos o la Chabola de la Hechicera, situados en la campiña pero ya cercanos al piedemonte de la sierra, en torno a los 600 m sobre el nivel del mar.

En la zona de la campiña, la presencia de campos de silos o silos aislados nos indican una ocupación, quizás temporal o estacional, de la zona baja del territorio.

En torno al siglo IX a. C. pueden datarse las primeras evidencias de un asentamiento permanente en el Alto de Castejón. Las primeras evidencias corresponden a estructuras enteramente lígneas, de las que hemos podido documentar los agujeros y los calces de piedra de los postes que las sustentaban.

Estas estructuras quedan abandonadas y son sustituidas por cabañas circulares con el fondo tallado en la roca, con zócalos de piedra y alzados de adobe y tapial, reforzado por pies derechos de madera.

Se trata de un hábitat formado por unidades dispersas, aunque muy próximas, en el que una única habitación concentra todas las actividades. También en este momento, en torno al 800 a. C. se data al menos uno de los recintos defensivos.

En torno al siglo VII, este hábitat disperso es modificado, al menos en una parte del poblado, pasando a formarse manzanas formadas por estancias de planta rectangular adosadas, que conforman una unidad doméstica que concentra todas las actividades habituales -convivencia, descanso, almacenaje- aunque alguna de ellas pueda estar diferenciada por separaciones internas.

Sin embargo, algunas actividades artesanales se separan en unidades anexas pero diferenciadas.

El poblado es abandonado a finales de la Primera Edad del Hierro, pues no se encuentran materiales, como la cerámica torneada, que indique su continuidad durante la segunda Edad del Hierro.

En algunas zonas, como la ladera norte, encontramos evidencias de destrucciones violentas con evidencias de incendio, mientras que en la parte baja, las viviendas de planta rectangular son abandonadas de una forma ordenada, recogiendo prácticamente todo el material mueble e incluso retirando los postes que sustentaban las cubiertas, lo que finalmente provocó su derrumbe.

En definitiva, hacia el 300 a. C el poblado está completamente deshabitado y sus habitantes quizás se encuentren concentrados en poblados cercanos que si tienen continuidad en este periodo, como Laguardia y La Hoya.

En el siglo I d. C., al norte del cerro del Alto de Castejón, se situó un asentamiento de tipo agrícola, con las estructuras de habitación y almacenaje ocupando esta zona llana. Aunque las estructuras se encuentran muy arrasadas, se han encontrado materiales cerámicos, fundamentalmente asociados a vertederos, datadas entre los siglos I y IV d. C. Fundamentalmente encontramos vajilla de mesa y de almacenaje, pero también algún elemento metálico para la vestimenta, concretamente una fíbula en omega.

En la parte baja del cerro, donde se situaba el poblado de la Edad del Hierro, se aportan tierras, en las que encontramos elementos cerámicos y metálicos de época romana, sobre los escombros del poblado, constituyendo terrazas de cultivo que se mantendrán en uso, con reparaciones y reformas, hasta la actualidad.

En la Alta Edad Media la zona presenta un hábitat más disperso que el actual, con pequeñas aldeas en torno a templos, que han dejado su huella en numerosas necrópolis talladas en la roca. Las iglesias, en el mejor de los casos han pasado a ser ermitas y en otros han quedado completamente arruinadas.

En las cercanías tenemos la Ermita de Santiago, con una necrópolis que contiene tumbas talladas y otras con lajas y muretes y la necrópolis de santa Eulalia, de cuyo templo no quedan restos.

Posteriormente la población va concentrándose en núcleos mayores y fundamentalmente en las villas fortificadas, como Laguardia.

Las aldeas de Navaridas, quedan concentradas en torno a la iglesia de Inmaculada concepción, recogiendo la población de las aldeas de Navaridas de Yuso y de Suso y quizás la de santa Eulalia.

En el Alto de Castejón los únicos restos de este periodo, además de las terrazas de cultivo, son los de un edificio de planta cuadrada en la pequeña prominencia situada en el extremo sureste de su cumbre, que puede asociarse a una torre de vigía y de comunicación entre las villas de esta zona fronteriza, en estos momentos, entre los reinos de Navarra y Castilla.

En 1463, en el contexto de la Guerra civil de Navarra, entre Juan II y el príncipe Carlos, apoyados por los linajes de Agramonteses y Beamonteses, Castilla ocupó las tierras de la Sonsierra Navarra, quedando las plazas de la comarca y sus aldeas dependientes definitivamente encuadradas en la Corona de Castilla.

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