Las defensas

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La elección del lugar de asentamiento la marcaban los factores de tipo económico y estratégico. Las necesidades de disponer de unas condiciones agropecuarias óptimas, así como los deseos de tener seguridad y control del entorno y de espacios concretos.

Las características orográficas no siempre eran suficientes para conseguir una protección adecuada, por lo que era necesario completar la defensa del asentamiento mediante la construcción de una muralla.

En el Alto de Castejón la defensa del poblado se proyectó mediante la construcción de una muralla que envolvería el cerro por varios puntos. Se trata de un tipo de cerca denominada “defensa concétrica”, formada por varias líneas de muro, que sin contacto entre ellas y dejando espacios libres intermedios.

La Cerca superior: Se situaría sobre la línea de la cumbre del cerro, rodeando toda la parte plana de la cima.
La Cerca intermedia: Cerco que se asentaría en la parte baja de las laderas intermedias.

La Cerca inferior. El tercero de los muros defensivos recorrería la zona baja del cerro, albergando en su interior los espacios habitacionales, así como las zonas dedicadas a pastos y ganado.

Inicialmente se retallaría el sustrato natural para asentar una estructura formada por dos muros cimentados con arcilla y postes de madera colocados perpendicularmente como tirantes. A partir de ahí, se levanta un tapial de adobe, con algún tipo de parapeto de madera para obtener mayor altura. Con los datos que se disponen de la intervención arqueológica, se puede estimar una muralla de 3,50 metros de altura, al que habría que añadir la empalizada de postes en la parte superior, pudiendo alcanzar  los 5 metros de estructura defensiva.

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